XX Congreso Nacional de Ciencia y Tecnología (APANAC 2025) - Panamá
El sentido político y ético de la práctica docente universitaria frente a los desafíos epistémicos en contextos de crisis y posmodernidad
Franco Gutiérrez, Aura
Panamá, Panamá
https://orcid.org/0000-0003-1854-6557
Reyes Alvarado, Sebastián
ISAE Universidad/ SNI-SENACYT/CIEDU AIP
Panamá, Panamá
https://orcid.org/0000-0002-5824-9832
González, Gustavo
ISAE Universidad
Panamá, Panamá
https://orcid.org/0000-0002-5291-5056
Abstract
In the Latin American context, the convergence of socioeconomic and political factors has influenced the decline of university autonomy, institutional fragmentation, and a growing alignment of higher education systems with market efficiency criteria. In this scenario, university teachers take on a central role in the debate on the purposes and social function of higher education, transcending mere curriculum implementation. The purpose of this study was to analyze and interpret the configuration of the political and ethical meaning of teaching practice in the face of current contextual and epistemological challenges. The design was qualitative, using a phenomenological-hermeneutic approach. Data were obtained through in-depth semi-structured interviews with eight university teachers. Thematic analysis, based on hermeneutic interpretation of the data, revealed three central categories: resistance to hegemonic dynamics, reconstruction of the ethical meaning of teaching, and epistemic commitment in the face of crisis. The results suggest that, when conceptualized as a political and ethical act, teaching practice operates as a mechanism of symbolic resistance that promotes the reconfiguration of the university into a space for dialogue and the production of knowledge with greater social relevance.
Keywords: University teaching, teaching ethics, democracy, postmodernity, epistemic challenges.
Resumen
En el contexto latinoamericano, la convergencia de factores socioeconómicos y políticos ha influido en la disminución de la autonomía universitaria, la fragmentación institucional y una creciente alineación de los sistemas de educación superior con criterios de eficiencia de mercado. En este escenario, el docente universitario adquiere un papel central en el debate sobre los propósitos y la función social de la educación superior, trascendiendo la mera implementación curricular. Este estudio tuvo como propósito analizar e interpretar la configuración del sentido político y ético de la práctica docente frente a los desafíos contextuales y epistemológicos actuales. El diseño fue cualitativo, empleando un enfoque fenomenológico-hermenéutico. Los datos se obtuvieron mediante entrevistas semiestructuradas en profundidad con ocho docentes universitarios. El análisis temático, basado en la interpretación hermenéutica de los datos, reveló tres categorías centrales: resistencia frente a dinámicas hegemónicas, reconstrucción del sentido ético de la docencia y compromiso epistémico ante la crisis. Los resultados sugieren que, al ser conceptualizada como un acto político y ético, la práctica docente opera como un mecanismo de resistencia simbólica que promueve la reconfiguración de la universidad hacia un espacio de diálogo y la producción de conocimiento con mayor pertinencia social.
Palabras claves: Docencia universitaria, ética docente, democracia, posmodernidad, desafíos epistémicos.
1.Introducción
En el marco de las transformaciones que definen las sociedades contemporáneas, la universidad latinoamericana enfrenta una crisis estructural que afecta significativamente su misión fundacional. Este fenómeno se manifiesta en la desarticulación institucional, el debilitamiento de la autonomía y la creciente subordinación a las dinámicas del mercado neoliberal, tensionando los principios esenciales de la educación superior (Bauman, 2007; Lyotard, 1987). Esta problemática no es meramente coyuntural, sino un proceso histórico que ha erosionado progresivamente el papel de la universidad como un espacio para la generación de conocimiento crítico, la formación ciudadana y la promoción del bien común. En este contexto, existe el riesgo de que la educación superior se convierta en una estructura funcional al mercado, donde prevalecen la tecnificación, la competencia y la lógica de la eficiencia, en detrimento de la reflexión ética y del compromiso social.
La universidad, concebida históricamente como un espacio de preservación y desarrollo del saber, se enfrenta actualmente a una encrucijada. La globalización, el impacto de las tecnologías de la información, la masificación de la educación superior y la presión de políticas neoliberales han reconfigurado su horizonte cultural y político. Este panorama exige plantear las preguntas esenciales sobre cómo la docencia universitaria puede responder a sociedades fragmentadas, desiguales y atravesadas por la incertidumbre, y qué papel ocupa el profesorado en la construcción de una institución capaz de sostener su misión crítica y transformadora.
En este contexto, la práctica docente no puede reducirse a la mera ejecución de planes de estudio estandarizados o a la reproducción de contenidos prediseñados, pues tal reducción despoja al docente de su papel histórico y sitúa a la universidad como un engranaje más de los sistemas productivos globales. El quehacer académico, por el contrario, requiere una reflexión sobre los valores rectores y el sentido de la universidad en la posmodernidad, donde la fragmentación del saber, la precarización institucional y la incredulidad hacia los metarrelatos configuran el horizonte cultural. Lyotard (1987) advierte que la posmodernidad se caracteriza por cuestionar la legitimidad de los discursos totalizantes, lo cual obliga a la universidad a revisar críticamente qué saberes privilegia, cómo los transmite y con qué fines.
En este escenario, el docente universitario se configura como un agente histórico y político cuya praxis se establece como un ámbito de tensión conceptual y simbólica en torno a los fines de la educación superior. Su labor desborda el marco técnico e instrumental para situarse en el horizonte de la emancipación y la construcción de ciudadanía crítica (Freire, 2005). Esto implica que el docente no solo forma profesionales competentes, sino que también contribuye a la formación de sujetos reflexivos, capaces de cuestionar las estructuras de poder, interpelar las desigualdades sociales y abrir horizontes alternativos de sentido.
Esta comprensión exige concebir al profesorado como agente transformador, cuya capacidad autocrítica no solo resignifica la labor académica, sino que también constituye un principio ontológico que orienta su praxis. La autocrítica docente se convierte en un recurso de resistencia frente a las imposiciones hegemónicas y, al mismo tiempo, en motor para la generación de nuevas alternativas pedagógicas y epistemológicas. Como señala Habermas (1987), la educación puede ser comprendida como una práctica comunicativa en la que se generan consensos críticos, se ejercita la deliberación y se abren espacios de racionalidad emancipadora. En consecuencia, el rol del docente universitario trasciende la mera transmisión de saberes, enfocándose en la creación de escenarios de diálogo para la construcción conjunta de significados y el desarrollo de competencias críticas.
En esta lógica, la práctica docente se convierte en una acción ético-política, donde se articulan la enseñanza, la investigación y el compromiso social. La universidad, a través de esta praxis, se redefine no como espacio de mera reproducción cultural, sino como lugar de transformación y resistencia. Así, el docente universitario encarna la tensión entre las demandas sociales de la educación superior y el rol que la universidad puede y debe ofrecer para sostener su misión crítica.
Desde una perspectiva hermenéutica, el quehacer docente se configura como un proceso interpretativo en el que se entrelazan experiencia y comprensión. Gadamer (2000) subraya que comprender no es un acto aislado, sino un diálogo en el que los horizontes del intérprete y del contexto se encuentran y se transforman. De manera complementaria, Ricoeur (2006) sostiene que la interpretación se produce en la mediación entre el texto y el mundo, lo que resulta clave para analizar los discursos docentes en escenarios de crisis y fragmentación. Desde este enfoque, la labor del profesorado se entiende como un ejercicio hermenéutico permanente, en el cual se resignifican los sentidos de la docencia, se revisan críticamente las tradiciones y se abren caminos hacia nuevas formas de comprender y de enseñar.
Lévinas (1993) plantea que la relación con el otro constituye la raíz de toda responsabilidad; en consecuencia, enseñar no es únicamente transmitir conocimiento, sino responder a la interpelación del rostro del estudiante, que exige acogida, hospitalidad y compromiso. Esta perspectiva desplaza la docencia universitaria de una práctica instrumental hacia un acontecimiento de encuentro, donde se reconoce al estudiante como legítimo y digno. Así, la praxis educativa puede comprenderse como un acto de resistencia simbólica que reconfigura la universidad como un espacio liberador, plural y crítico, en contraposición a su subordinación a lógicas utilitaristas.
En este marco, el propósito de este estudio es interpretar cómo los docentes universitarios configuran el sentido político y ético de su práctica frente a los desafíos epistémicos en contextos de crisis y posmodernidad. El interés radica en comprender cómo los docentes, desde su reflexividad y autocrítica, resignifican su labor y proyectan horizontes de sentido capaces de sostener la misión transformadora de la universidad. Reconocer al docente como sujeto histórico, ético y político permite situarlo en el centro de un debate urgente: cómo reimaginar la educación superior en América Latina frente a las tensiones del presente y las exigencias de un futuro incierto.
2. método
El presente estudio se inscribe en el paradigma cualitativo, lo cual es pertinente para la exploración de fenómenos sociales a partir de la perspectiva de los actores. Este enfoque busca rescatar los significados y sentidos que configuran las prácticas en sus contextos específicos (Hernández-Sampieri & Mendoza, 2018).
Se adoptó el enfoque fenomenológico-hermenéutico, orientado a la interpretación de las experiencias vividas y a la descripción de las estructuras de significado que emergen de ellas. Este enfoque metodológico se fundamenta en la tradición de la hermenéutica filosófica (Gadamer, 2000; Ricoeur, 2006), que facilita la comprensión profunda de la praxis docente como experiencia existencial e histórica. Esta perspectiva metodológica concibe al docente como un actor que articula decisiones éticas y posicionamientos políticos en el encuentro con estudiantes y el contexto social, trascendiendo la dimensión meramente técnica de la enseñanza.
El diseño metodológico se basó en el empleo de entrevistas fenomenológicas en profundidad. Este instrumento se seleccionó para generar narrativas ricas en detalle y contextualización, capaces de capturar la complejidad de la experiencia docente, incluyendo la responsabilidad ética hacia el otro (Lévinas, 1993) y la posición política del profesorado frente a los desafíos estructurales de la universidad.
La muestra estuvo conformada por seis docentes universitarios, seleccionados mediante un muestreo teórico-intencional. Los criterios de inclusión fueron: a) Experiencia académica en instituciones de educación superior venezolanas y latinoamericanas. b) Disposición reflexiva para el análisis autocrítico de su práctica docente. c) Participación activa o compromiso con procesos de transformación social desde el ámbito educativo.
3. Resultados
Los hallazgos se agrupan en tres ejes temáticos fundamentales que definen la práctica docente universitaria:
Resistencia al modelo hegemónico: Los resultados revelan una postura docente crítica hacia dos ejes interconectados: la mercantilización de la educación superior y el debilitamiento de la autonomía universitaria. En este marco, la práctica pedagógica se configura como un acto de resistencia simbólica frente a las presiones del modelo dominante.
Reconstrucción del sentido ético en la práctica docente: Los académicos trascienden el rol de meros transmisores de conocimiento y se autoidentifican como sujetos históricos situados. Este reconocimiento impulsa un compromiso ético orientado a la formación de ciudadanos críticos y conscientes. La ética funciona como un eje orientador de la acción, enfatizando la responsabilidad hacia el estudiante y el mundo, lo cual resuena con la concepción arendtiana (Arendt, 1993) de la educación como un acto de responsabilidad hacia el mundo compartido.
Compromiso frente a los desafíos epistémicos: En un escenario caracterizado por la fragmentación de certezas (Maffesoli, 2007) y la incredulidad en los metarrelatos (Lyotard, 1984), la docencia universitaria opera como un espacio para el diálogo de saberes. En consecuencia, se legitiman narrativas múltiples y se delinean horizontes liberadores. Los docentes promueven activamente una praxis inclusiva, dialógica y transformadora que se opone a la homogeneización cultural y epistémica.
4. CONCLUSIONES
El estudio concluye que la práctica docente universitaria se revela fundamental por su relevancia ética y política frente a los actuales retos epistémicos de la educación superior. En un contexto de turbulencia institucional, globalización acelerada y presiones derivadas de las políticas de mercado, el profesorado se establece como actor central en la redefinición del rol humanista de la universidad. Los hallazgos del profesorado participante subrayaron la imperatividad de reconceptualizar la docencia más allá de la función tradicional de transferencia de conocimiento, concibiéndola como un espacio para el diálogo crítico, el compromiso cívico y la construcción conjunta del saber. Desde esta perspectiva, la educación superior debe reorientar su misión hacia una práctica formativa que promueva la autonomía, la responsabilidad ética y la apertura a la diversidad ideológica, fortaleciendo su papel como institución al servicio de la sociedad y del desarrollo humano integral.
Referencias
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